Devocional
¿Cómo debo orar? Lo que Jesús enseñó acerca de la oración
La oración es uno de los privilegios más grandes que Dios ha dado a sus hijos. Sin embargo, para muchos creyentes —incluso aquellos que llevan años congregándose— surge una pregunta sincera: ¿cómo debo orar?
Algunos sienten que no saben qué decir. Otros piensan que sus palabras son demasiado sencillas cuando escuchan a hermanos que oran con mucha facilidad. Incluso hay quienes creen que Dios escucha más a quienes utilizan palabras elocuentes. Pero ¿es eso lo que enseña la Biblia? La respuesta es no.
Los discípulos también tuvieron que aprender
En una ocasión, mientras Jesús estaba orando, uno de sus discípulos le hizo una petición muy significativa: "Señor, enséñanos a orar..." (Lucas 11:1, RVR1960) Aquellos hombres habían caminado con Jesús, habían escuchado sus enseñanzas y visto sus milagros. Sin embargo, comprendieron que necesitaban aprender a orar. Si los discípulos necesitaron esa enseñanza, nosotros también.
La oración no consiste en palabras elocuentes
Jesús enseñó algo que derriba muchas ideas equivocadas sobre la oración: "Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis." (Mateo 6:7-8, RVR1960) Dios no escucha nuestras oraciones porque usemos palabras difíciles o porque intentemos impresionar con nuestra manera de hablar. Él conoce nuestro corazón antes de que pronunciemos una sola palabra.
La oración es la comunicación personal entre el creyente y su Dios. En la Biblia encontramos oraciones breves y también oraciones extensas. No existe una duración establecida; lo importante es que broten de un corazón sincero que busca al Señor.
¿A quién dirigimos nuestras oraciones?
Después de enseñar lo que no debía hacerse, Jesús mostró cómo debían acercarse sus discípulos a Dios: "Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos..." (Mateo 6:9, RVR1960) La oración se dirige al Padre. Cuando oramos, no estamos hablando al aire ni repitiendo una fórmula religiosa. Nos acercamos al Padre celestial, quien nos ama, nos escucha y conoce nuestras necesidades. La oración es la conversación de un hijo con su Padre.
¿Por qué oramos en el nombre de Jesús?
Es común terminar una oración diciendo: "En el nombre de Jesús. Amén." Estas palabras no son una fórmula que garantice que Dios responderá nuestras peticiones. Más bien, expresan una verdad bíblica: solo podemos acercarnos al Padre por medio de Jesucristo. El Señor dijo: "Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré..." (Juan 14:13, RVR1960) Y también afirmó: "...todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará." (Juan 16:23, RVR1960) No nos presentamos delante de Dios confiando en nuestros propios méritos, sino en la obra perfecta de Cristo. Él es nuestro único mediador, y por medio de Él tenemos acceso al Padre.
¿Qué podemos decir cuando oramos?
El llamado "Padre Nuestro" no fue dado para ser repetido mecánicamente. Jesús lo presentó como un modelo que enseña aspectos importantes de la oración. En ese modelo encontramos: exaltar y honrar el nombre de Dios, buscar que se cumpla su voluntad, presentar nuestras necesidades, pedir perdón por nuestros pecados, perdonar a quienes nos han ofendido, y pedir su ayuda para vivir una vida que le agrade. Pero la oración también es abrir nuestro corazón delante del Señor. Podemos hablarle de nuestras alegrías, nuestras preocupaciones, nuestras luchas, nuestros temores y nuestras necesidades. Él conoce todo lo que vivimos y nos invita a acercarnos con confianza.
Cuando las palabras no alcanzan
Hay momentos en que el dolor, la enfermedad o la angustia hacen difícil expresar lo que sentimos. La Biblia también habla de esa realidad: "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles." (Romanos 8:26, RVR1960) ¡Qué consuelo saber que Dios conoce nuestra debilidad! Cuando no encontramos las palabras, el Espíritu Santo nos ayuda e intercede conforme a la voluntad de Dios.
Una vida de oración
No tengas temor de acercarte a Dios porque pienses que no sabes orar. El Señor no está esperando escuchar palabras extraordinarias, sino un corazón que se acerque a Él con fe, reverencia y sinceridad. Conforme conozcas más la Palabra de Dios, tu vida de oración también irá creciendo. Aprenderás a confiar más en el Señor, a depender de Él y a presentar delante de su presencia todo aquello que hay en tu corazón. La oración no es una fórmula que memorizar. Es parte de la comunión diaria del creyente con su Padre celestial, una relación que se vive día con día, confiando en Jesucristo y en la ayuda del Espíritu Santo.