Era una noche de junio cuando todo parecía derrumbarse. El trabajo perdido, la salud deteriorada, y la sensación de que Dios guardaba silencio. Encendí la radio casi por inercia.
Entonces comenzó a sonar: "Grande es tu fidelidad, oh Dios mi Padre..." No pude evitar llorar. Ese himno que había cantado desde niño de repente tenía un peso diferente.
Hoy, meses después, puedo decir que Dios fue fiel. No como yo esperaba, pero fiel. Si estás en un valle, no apagues la radio. Dios puede hablarte a través de un himno antiguo.