Conociendo La Biblia
Conociendo la Biblia: El libro de Job – Parte 7
Conociendo la Biblia es una serie de estudios introductorios cuyo propósito es brindar el contexto histórico, geográfico y cultural de cada libro de las Sagradas Escrituras. No pretende sustituir el estudio personal de La Biblia, sino ofrecer herramientas que ayuden al lector a comprender mejor lo que está leyendo.
La historia todavía no había terminado
Al terminar el primer capítulo podríamos pensar que Job ya había enfrentado la peor parte. Había perdido sus bienes, había perdido a sus hijos, había expresado su dolor y, aun así, había adorado a Dios. El narrador incluso nos dice:
Pero el capítulo 2 comienza llevándonos nuevamente a una escena que Job nunca vio. Una vez más, los hijos de Dios se presentan delante de Jehová. Y nuevamente aparece Satanás entre ellos.
Una segunda conversación
Jehová vuelve a preguntarle a Satanás de dónde viene. Después vuelve a mencionar a Job:
Hay algo que llama especialmente nuestra atención. Dios reconoce que Job continúa siendo íntegro. Y añade: "...y que todavía retiene su integridad..." (Job 2:3, RVR1960). Job ha perdido prácticamente todo lo que tenía. Pero el relato señala que su integridad permanece.
Una nueva acusación
Satanás responde: "Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida" (Job 2:4, RVR1960). Y entonces plantea una nueva prueba:
La situación cambia. En el primer capítulo, las pérdidas habían afectado principalmente aquello que rodeaba a Job. Ahora la prueba se dirige directamente hacia su cuerpo.
Una enfermedad que La Biblia no identifica
El texto dice:
La expresión utilizada por la Reina-Valera 1960 es "sarna maligna". Pero debemos tener cuidado con algo: la Biblia no proporciona un diagnóstico médico moderno. Por eso no podemos afirmar con certeza qué enfermedad padecía Job. A lo largo de la historia se han propuesto diferentes posibilidades basadas en los síntomas que aparecen posteriormente en el libro — lesiones en la piel, dolor, cambios físicos y otras manifestaciones — pero ninguna de esas identificaciones puede presentarse como un diagnóstico seguro. Lo que el texto sí deja claro es que Job experimentó una enfermedad extremadamente dolorosa y visible.
Job se sienta en ceniza
La siguiente escena vuelve a mostrarnos una costumbre relacionada con el duelo y el sufrimiento:
La imagen es fuerte. El hombre que al comienzo del libro aparecía como una persona poderosa y respetada ahora está sentado en ceniza, intentando aliviar su sufrimiento. El contraste no podría ser mayor. Pero nuevamente encontramos algo importante: el relato no nos presenta a Job fingiendo que está bien. Está sufriendo. Y la Biblia no intenta ocultarlo.
La respuesta de su esposa
Entonces aparece nuevamente la esposa de Job. Ella le dice:
Ya habíamos conocido estas palabras en la Parte 3, cuando hablamos de los personajes que rodeaban a Job. Ahora podemos observarlas dentro de su contexto. Esta mujer no solamente había perdido a sus hijos: también había visto desaparecer la estabilidad económica de su hogar, y ahora observaba a su esposo padeciendo una enfermedad dolorosa. El texto no registra una conversación extensa entre ellos. No sabemos qué más dijo ella, no conocemos su estado emocional ni su historia personal. Por eso debemos evitar convertirla en un personaje que la Biblia no describe. Tenemos solamente sus palabras y las circunstancias que las rodeaban.
Job vuelve a responder
Job le contesta:
Y nuevamente aparece una frase que el narrador utiliza para cerrar la escena: "En todo esto no pecó Job con sus labios" (Job 2:10, RVR1960). Es interesante comparar esta afirmación con la del capítulo anterior. En Job 1:22 se nos dijo: "En todo esto no pecó Job..." Ahora, después de la enfermedad y de la conversación con su esposa: "En todo esto no pecó Job con sus labios." El relato continúa mostrando que, a pesar de todo lo ocurrido, Job todavía no había abandonado su integridad.
La frase de Job puede llamar nuestra atención: "¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?" Aquí debemos tener cuidado de no sacar la frase de su contexto. Job está hablando desde una situación extrema; no está desarrollando una explicación teológica completa acerca del origen del mal. Está expresando una realidad que considera en medio de su sufrimiento: si ha recibido de Dios cosas buenas, no considera correcto aceptar solamente las bendiciones y rechazar a Dios cuando llegan las circunstancias difíciles. El propio libro continuará desarrollando el problema del sufrimiento de una manera mucho más amplia.
Los amigos finalmente llegan
Después de todo esto, el libro presenta nuevamente a los tres amigos que conocimos anteriormente: Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita. Ellos habían escuchado acerca de todo lo que le había sucedido a Job, y decidieron ir a verlo.
Todavía no vienen a discutir. Todavía no vienen a explicar. Vienen a acompañarlo.
Cuando el dolor de Job era difícil de reconocer
Cuando los amigos llegan, encuentran a Job en un estado tan diferente que inicialmente ni siquiera lo reconocen: "Alzando los ojos de lejos, no lo conocieron..." (Job 2:12, RVR1960). La transformación física debió ser considerable. El hombre que habían conocido estaba irreconocible. Entonces expresan públicamente su dolor: "...lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgó su manto, y los tres esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo" (Job 2:12, RVR1960). Estas eran expresiones de duelo conocidas en el mundo antiguo — no eran gestos privados. El dolor se expresaba exteriormente mediante el llanto, el rasgado de las vestiduras y el uso de polvo o ceniza. Los amigos están mostrando que comprenden la gravedad de lo que ha sucedido.
Siete días de silencio
Y aquí encontramos una de las escenas más llamativas del comienzo del libro.
Siete días y siete noches. Sin discursos. Sin explicaciones. Sin consejos. Sin intentar resolver el problema. Simplemente permanecieron allí. Para nosotros puede resultar extraño que tres amigos permanezcan durante tanto tiempo en silencio, pero dentro de una cultura de duelo, acompañar a una persona afligida podía significar precisamente eso: estar presente y compartir su dolor. Y quizá esta sea una de las imágenes más humanas de todo el comienzo del libro. Antes de convertirse en los hombres que discutirán con Job durante muchos capítulos, fueron tres amigos que llegaron, vieron su sufrimiento y se sentaron junto a él en silencio.
El capítulo 2 termina con los amigos en silencio. Y el capítulo 3 comienza con Job hablando. Eso significa que Job es quien rompe el silencio. Después de siete días y siete noches, finalmente abre su boca. Pero no comienza con una explicación, ni preguntando quién fue responsable, ni defendiendo una doctrina. Comienza maldiciendo el día de su nacimiento: "Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día" (Job 3:1, RVR1960). El tono del libro cambia completamente. La narración de los primeros dos capítulos da paso ahora a una larga conversación, y aquí comienza una de las secciones más extensas y profundas de todo Job.
Del relato al diálogo
Hasta aquí, hemos visto acontecimientos. Ahora comenzaremos a escuchar pensamientos. Job hablará, sus amigos responderán, Job volverá a hablar y ellos responderán nuevamente. Esta conversación ocupará buena parte del libro. Por eso era tan importante conocer primero el contexto: ya sabemos quiénes son estos hombres, sabemos de dónde vienen, sabemos por qué llegaron y sabemos que estuvieron sentados junto a Job durante siete días antes de decir una sola palabra. Ahora podemos comenzar a escuchar lo que tenían que decir.
¿Qué cambió realmente?
Cuando llegamos al final de Job 2, podemos observar tres pérdidas diferentes: Job perdió sus posesiones, Job perdió a sus hijos, y ahora su propio cuerpo está enfermo. Pero hay algo que el narrador continúa destacando: Job conserva su integridad. Todavía no sabemos cómo evolucionará su pensamiento, todavía no conocemos las preguntas que hará, todavía no sabemos qué dirá cuando comience a hablar. Pero el lector ya sabe algo importante: la historia no está terminando. Está comenzando la parte más larga del libro.
Para reflexionar
1. ¿Qué diferencia encuentra entre las pruebas del capítulo 1 y la prueba que aparece en el capítulo 2?
2. ¿Qué le llama más la atención de la actitud de los amigos durante los siete días y siete noches?
Ficha del libro
- Capítulo estudiado
- Job 2.
- Nueva prueba
- Enfermedad física — "sarna maligna" desde la planta del pie hasta la coronilla.
- Diagnóstico médico
- La Biblia no identifica la enfermedad con un diagnóstico moderno.
- Respuesta de Job
- Mantiene su integridad y no peca con sus labios.
- Esposa de Job
- Le cuestiona que mantenga su integridad.
- Amigos
- Elifaz, Bildad y Zofar.
- Duración del silencio de los amigos
- Siete días y siete noches.
- Cambio narrativo
- Job 3 comienza el largo diálogo que ocupa gran parte del libro.
En la próxima entrega... Hasta ahora hemos visto a Job perder sus bienes, sus hijos y su salud. También hemos conocido el silencio de sus amigos. Pero ahora Job abre la boca. Y sus primeras palabras no son las que quizá esperaríamos: no agradece, no explica, no intenta aparentar fortaleza. Maldice el día en que nació. ¿Qué significa esta reacción? ¿Cómo debemos entender el lenguaje de Job cuando expresa su dolor? En la Parte 8: Cuando Job habló desde su dolor, comenzaremos a recorrer sus primeras palabras y a conocer al hombre que está detrás de ellas.