Devocional
Cristo viene, pero ¿qué de los que están a mi lado?
Hay una verdad que la iglesia ha anunciado desde sus comienzos: Cristo viene.
Para el creyente, esta es una esperanza gloriosa. Esperamos al Señor que prometió venir por los suyos. Por eso la Escritura nos anima a permanecer firmes, a no fluctuar en nuestra fe, a congregarnos, a exhortarnos y a estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras.
Si un hermano está atravesando una prueba, lo animamos. Si está débil, lo ayudamos. Si está desanimado, no hacemos leña del árbol caído; procuramos levantarlo y fortalecerlo. Todo esto es bueno. Todo esto es necesario.
Pero la última parte de estos versículos de Hebreos termina diciendo algo que puede ayudarnos a ampliar nuestra mirada: "Y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca."
Quizás el problema no sea que estemos mirando hacia Cristo. Quizás el problema sea que estamos mirando demasiado cerca.
Podemos estar pensando: "Estoy preparado para cuando Cristo venga. Tengo esperanza. Estoy firme. Estoy congregándome. Estoy esperando al Señor." Y gracias a Dios por todo ello. Pero, si aquel día se acerca, nuestra mirada no puede terminar en nosotros mismos.
¿Qué hay de los que están a nuestro lado?
¿Qué hay de nuestra familia, nuestros amigos, nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo y tantas personas que todavía no conocen a Cristo? La venida del Señor es esperanza para quienes están en Él, pero La Biblia también nos recuerda que aquel día traerá juicio. Por eso no podemos contemplar la venida de Cristo solamente desde nuestra propia seguridad.
Nosotros recibimos la salvación por gracia. No la merecíamos. Alguien nos habló de Cristo. Alguien abrió delante de nosotros las Escrituras. Alguien tuvo la paciencia de explicarnos el camino de salvación.
Si recibimos gratuitamente aquello que no merecíamos, ¿podemos guardar el mensaje solamente para nosotros?
El ejemplo de la iglesia primitiva
La iglesia primitiva nos dejó un ejemplo extraordinario. Cuando fueron amenazados por anunciar a Cristo, no hicieron de su propia seguridad el centro de su oración. No pidieron simplemente que desaparecieran sus enemigos o que sus circunstancias fueran más cómodas. Pidieron que Dios les concediera denuedo para hablar Su Palabra (Hechos 4:29). La iglesia entendía que su seguridad no era el objetivo principal; la proclamación del evangelio sí.
Y esto también nos ayuda a mantener las cosas en su lugar. Hacer buenas obras es bueno. Ayudar al necesitado es bueno. Servir al prójimo es bueno. Mostrar misericordia es bueno. Pero nuestras obras no deben sustituir el evangelio. Podemos ayudar a una persona en su necesidad temporal, pero más que una necesidad temporal tiene una necesidad eterna: necesita conocer a Cristo.
Mientras esperamos, seguimos sirviendo
Por eso, mientras esperamos a Cristo, seguimos haciendo lo que Hebreos nos manda: permanecemos firmes, animamos al que está pasando por pruebas, ayudamos al débil, nos congregamos, nos exhortamos unos a otros.
Pero levantemos un poco más la mirada. Porque aquel día se acerca. Y quizás hoy estamos pensando correctamente: "Estoy preparado para cuando Cristo venga." Pero La Biblia nos invita a mirar un poco más lejos.
Señor, gracias por la esperanza segura de Tu venida. Ayúdanos a permanecer firmes, a congregarnos y a estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras. Pero danos también denuedo para hablar de Ti a quienes todavía no te conocen, para que muchos más puedan esperar aquel día con la misma esperanza que Tú nos has dado. Amén.
Para profundizar
- Pasajes bíblicos
- Hebreos 10:23-25 · Mateo 10:8 · Hechos 4:29