Devocional
Cuando el dolor encuentra palabras
Hay momentos en los que el dolor físico puede llegar a ser tan fuerte que las palabras parecen no alcanzar para describirlo.
En estos días, muchas personas en Nicaragua han enfrentado enfermedades que han afectado seriamente su salud. Algunos han pasado por dolores intensos y, aun después de superar la etapa más fuerte de la enfermedad, continúan enfrentando debilidad, molestias musculares y dificultades para caminar o volver a su vida cotidiana.
Hace poco me tocó experimentar días de mucho dolor. Había momentos en los que sentarme era difícil y ponerme de pie requería un esfuerzo enorme.
Y en medio de aquel dolor vino a mi mente una expresión del Salmo 6:
No estaba buscando ese versículo. Simplemente vino a mi mente.
Y qué manera tan fuerte de describir el dolor: «mis huesos se estremecen».
David estaba expresando delante de Dios lo que estaba viviendo. No escondió su condición ni intentó aparentar que todo estaba bien. Le dijo al Señor que estaba enfermo y le pidió misericordia y sanidad.
Y mientras atravesaba aquellos días, esas mismas palabras expresaban de alguna manera lo que yo estaba sintiendo.
La Palabra de Dios tiene esa capacidad de encontrarnos en momentos que nosotros no esperamos. El Señor puede traer a nuestra memoria aquello que hemos leído y guardado en el corazón.
Jesús dijo acerca del Espíritu Santo:
Hoy pienso especialmente en aquellos hermanos que todavía están pasando por las consecuencias de estas enfermedades. Hermanos que quizás todavía tienen dolores, que no pueden caminar como antes, que se sienten debilitados y cuya vida todavía no ha vuelto a la normalidad.
Quizás algunos de ellos también han llegado a preguntarse: «¿Hasta cuándo?»
David hizo esa misma pregunta:
En el Salmo 6 David está clamando a Dios desde su dolor.
Y eso es precisamente lo que podemos recordar hoy: podemos llevar nuestro dolor delante del Señor.
Podemos decirle: «Ten misericordia de mí, oh Jehová.»
Podemos pedirle: «Sáname, oh Jehová.»
Podemos hablar con Él acerca de nuestro cansancio, nuestra angustia y aquello que estamos viviendo.
No sabemos cuál será el tiempo ni la manera en que Dios responderá a cada oración. Pero sí sabemos que podemos acudir a Él.
Y cuando las fuerzas faltan, cuando el cuerpo duele y cuando los días parecen no volver todavía a la normalidad, la Palabra de Dios sigue estando allí.
Quizás hoy no tengas palabras para explicar todo lo que estás sintiendo.
Pero tal vez una palabra de la Escritura venga a tu memoria. Una palabra que ya conocías. Una palabra que el Señor te recuerde precisamente en ese momento. Y quizá ella te pueda guiar a la oración.
Que en medio de nuestras enfermedades y nuestros dolores nunca olvidemos que podemos levantar nuestra voz al Señor.
Él escucha la oración de sus hijos.
Y aun en medio del dolor, podemos acercarnos a Él.
Señor, en medio de nuestras enfermedades y nuestros dolores, ayúdanos a nunca olvidar que podemos levantar nuestra voz a Ti. Gracias porque escuchas la oración de tus hijos. Aun en medio del dolor, ayúdanos a acercarnos a Ti. Amén.
— Escrito por Hno. Mariano Araúz