Del Escritorio del Pastor
El amor de Dios como prueba de nuestra salvación (Parte 1)
Sinceramente espero y oro que cada uno de ustedes sea lleno del Espíritu Santo y que Él llene nuestros corazones con Su amor divino.
El apóstol Juan, en su primera carta, presenta varias evidencias de una salvación genuina. Estas evidencias no tienen el propósito de producir duda en el creyente verdadero, sino de brindarle seguridad y ayudarle a examinar sinceramente su relación con Dios.
¿Qué no demuestra una verdadera salvación?
Muchas personas piensan que las actividades religiosas son prueba suficiente de una relación con Dios. Sin embargo, la Biblia nos enseña que es posible participar en obras espirituales y aun así no conocer verdaderamente al Señor. Jesús advirtió: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mateo 7:21). Y continúa diciendo que muchos reclamarán haber profetizado, hecho milagros y realizado grandes obras en Su nombre, pero recibirán esta respuesta: "Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7:23).
Por eso siempre debemos recordar que la pregunta bíblica no es simplemente si nosotros conocemos al Señor, sino si Él nos conoce a nosotros como una de Sus ovejas.
Una evidencia de la obra de Dios en nosotros
Cuando una persona ha sido verdaderamente salvada por la gracia de Cristo, el Espíritu Santo produce cambios visibles en su vida. Uno de esos cambios es el amor de Dios derramado en el corazón. El apóstol Pablo escribió: "El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Romanos 5:5). Este amor no es simplemente una emoción pasajera ni un sentimiento humano; es una obra sobrenatural del Espíritu Santo que transforma nuestra manera de pensar y de relacionarnos con los demás.
El amor como evidencia de vida espiritual
Juan desarrolla esta verdad en 1 Juan 3:11-24, donde nos enseña que el amor hacia los hermanos es una evidencia de que hemos pasado de muerte a vida: "Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos" (1 Juan 3:14). Juan no presenta el amor como una opción para algunos creyentes más comprometidos; lo presenta como una característica normal de aquellos que han nacido de nuevo. Por el contrario, quien vive en odio, resentimiento o indiferencia permanente demuestra una condición espiritual preocupante.
Una pregunta para examinarnos
Juan hace una pregunta que merece una reflexión profunda: "Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?" (1 Juan 3:17). La idea es clara: si el amor de Dios realmente habita en nosotros, debe manifestarse en nuestras acciones. No se trata únicamente de palabras, emociones o buenas intenciones; el amor bíblico actúa, sirve, ayuda y se preocupa por los demás. Por eso Juan concluye: "Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad" (1 Juan 3:18).
El mandamiento de Cristo
Esta enseñanza no comenzó con Juan. Fue el mismo Señor Jesucristo quien dijo a Sus discípulos: "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado" (Juan 13:34), y añadió: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:35). El amor entre los creyentes es una de las evidencias más visibles de la presencia de Cristo en nuestras vidas.
Reflexión final
Cada uno de nosotros debe examinarse a la luz de las Escrituras. ¿Se manifiesta el amor de Dios en nuestras palabras, actitudes y acciones? ¿Reflejamos el amor que Cristo mostró hacia nosotros? La presencia de ese amor no produce salvación, pero sí constituye una evidencia de que el Espíritu Santo está obrando en el corazón de aquellos que pertenecen al Señor.
En la próxima entrega continuaremos estudiando cómo la Biblia define el verdadero amor y por qué este amor es una prueba de nuestra regeneración espiritual.