Del Escritorio del Pastor
El amor de Dios como prueba de nuestra salvación (Parte 2)
En nuestra reflexión anterior vimos que el amor es una de las evidencias más claras de una vida transformada por Dios. El apóstol Juan enseña que el amor no es simplemente una virtud deseable para el creyente, sino una manifestación de que verdaderamente conocemos al Señor.
Por esa razón escribe: "Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Juan 4:20-21). Estas palabras son directas y difíciles de ignorar. Juan no deja espacio para una fe meramente intelectual o emocional.
El problema de las definiciones humanas del amor
Vivimos en una sociedad que habla constantemente sobre el amor, pero rara vez utiliza la definición bíblica. Muchas personas consideran que amar es simplemente experimentar emociones agradables hacia alguien. Otras creen que el amor consiste únicamente en expresar palabras afectuosas. Sin embargo, las Escrituras presentan una realidad mucho más profunda. Por eso Juan escribió: "Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad" (1 Juan 3:18). El amor bíblico no se limita a declaraciones verbales; se demuestra mediante acciones concretas, sacrificio, paciencia y servicio hacia otros.
Cuando Dios define el amor
El apóstol Pablo nos presenta una de las descripciones más completas del amor en 1 Corintios 13. Antes de describir sus características, Pablo explica que incluso las actividades espirituales más impresionantes carecen de valor si no están acompañadas por amor: "Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe" (1 Corintios 13:1). Podemos tener conocimiento bíblico, participar activamente en la iglesia y servir en diversos ministerios; sin embargo, si el amor de Dios no gobierna nuestro corazón, todo pierde su verdadero significado delante de Él.
La primera característica: el amor es sufrido
Pablo comienza diciendo: "El amor es sufrido, es benigno..." (1 Corintios 13:4). La expresión "sufrido" comunica la idea de paciencia prolongada, tolerancia y capacidad de soportar ofensas sin responder con amargura o venganza. No se trata de una actitud débil, sino de una fortaleza espiritual que proviene de Dios.
El amor verdadero soporta las imperfecciones de otros. Es paciente cuando es malinterpretado. Permanece firme cuando es provocado. Continúa mostrando gracia aun cuando ha sido herido. Esta característica resulta especialmente desafiante porque nuestra naturaleza humana suele reaccionar de manera opuesta: cuando somos ofendidos, queremos responder; cuando somos heridos, queremos defendernos.
Una evidencia de la obra del Espíritu Santo
Cuando una persona ha sido regenerada por el Espíritu Santo, comienza a manifestar cambios que no pueden explicarse únicamente por el esfuerzo humano. Uno de esos cambios es la capacidad de amar como Cristo amó. Esto no significa que el creyente nunca luchará con el enojo o el dolor. Significa que el Espíritu Santo produce en él una disposición creciente a perdonar, soportar y responder con gracia. Por eso podemos afirmar que el amor es una evidencia de la salvación genuina.
Una reflexión para nuestro corazón
Es fácil decir que amamos a Dios cuando cantamos himnos, asistimos a los cultos o participamos en actividades de la iglesia. Lo difícil es demostrar ese amor cuando debemos tratar con personas que nos han lastimado. La pregunta que debemos hacernos no es solamente: "¿Digo que amo a Dios?", sino también: "¿Se refleja ese amor en la manera en que trato a los demás?"
El amor sufrido, paciente y perseverante no nace de nuestros propios recursos. Es el resultado de una vida rendida al Señor y transformada por Su Espíritu. Que Dios nos ayude a reflejar cada día más el amor que Él ha derramado en nuestros corazones, para que nuestra vida sea una evidencia visible de la salvación que hemos recibido en Cristo.