Devocional
El contexto bíblico: una herramienta, no la autoridad
Lectura: Efesios 4:14; Juan 14:26; Hechos 17:11; Filipenses 3:15.
En los últimos años se ha vuelto muy común escuchar una frase cuando alguien cita un versículo de La Biblia: "Ese texto está fuera de contexto."
Sin duda, el contexto es importante. Nadie debería negar que conocer el propósito de un libro, el desarrollo de un capítulo o la situación de sus destinatarios ayuda a comprender mejor las Escrituras. Sin embargo, también debemos tener cuidado de no convertir una herramienta de estudio en la autoridad sobre La Biblia.
La autoridad no pertenece al contexto, a la exégesis, a la hermenéutica, ni a ningún comentarista. La autoridad pertenece únicamente a La Biblia, porque es la Palabra inspirada por Dios. Las herramientas existen para servir a las Escrituras, no para gobernarlas.
La obra del Espíritu Santo
Jesús prometió a sus discípulos: "Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho." (Juan 14:26)
Esta promesa nos recuerda una verdad fundamental: el creyente nunca estudia La Biblia solo. El Espíritu Santo mora en todo aquel que ha creído en Cristo y obra en su vida. Pero debemos entender correctamente esta obra: el Espíritu Santo no nos entrega nuevas revelaciones que sustituyan las Escrituras, ni llena nuestra mente de información que nunca hemos estudiado. Él obra en nosotros trayendo a nuestra memoria aquello que hemos aprendido de la Palabra de Dios y guiándonos a comprenderla con mayor claridad.
Por eso es tan importante leer, estudiar, memorizar y meditar constantemente en La Biblia. No se puede recordar aquello que nunca se ha aprendido. Con el paso de los años, mientras el creyente estudia las Escrituras con humildad y oración, ocurre algo hermoso: un pasaje comienza a iluminar otro, una enseñanza recuerda otra, una promesa confirma otra. No porque exista una revelación nueva, sino porque toda La Biblia tiene un mismo Autor divino.
Así enseñaron Jesús y los apóstoles
Cuando leemos el Nuevo Testamento descubrimos que Jesús y los apóstoles no trataban cada libro de La Biblia como si estuviera aislado. Jesús respondía a Satanás citando Deuteronomio. Pedro, en Pentecostés, explicó lo sucedido utilizando al profeta Joel, el Salmo 16 y el Salmo 110. Esteban recorrió la historia de Israel desde Abraham hasta Salomón para mostrar el propósito de Dios. Pablo tomó un mandamiento de la ley acerca del buey que trillaba y mostró el principio espiritual que también debía aplicarse al sostenimiento de quienes sirven al Señor. Todo esto ocurrió porque conocían profundamente las Escrituras y el Espíritu Santo les guiaba a recordar y comprender la revelación que Dios ya había dado.
El propósito de las herramientas
Palabras como contexto, exégesis y hermenéutica suelen escucharse con frecuencia. Todas ellas son útiles: el contexto nos ayuda a comprender el desarrollo de una idea, la exégesis busca descubrir lo que realmente dice el texto, y la hermenéutica reúne principios para interpretar correctamente las Escrituras. Debemos agradecer a Dios por estas herramientas. Pero nunca debemos olvidar que son siervas de La Biblia, no sus jueces. Cuando una herramienta contradice el claro testimonio de las Escrituras, el creyente debe permanecer sujeto a la Palabra de Dios.
Pregunte con respeto
Si alguna vez escucha decir: "Ese versículo está fuera de contexto," no responda con enojo ni con espíritu de discusión. Pregunte con humildad: ¿a cuál contexto se refiere? ¿Al contexto inmediato? ¿Al contexto histórico? ¿Al contexto cultural? ¿Al contexto del libro completo? ¿Puede mostrarme en las Escrituras cómo llegó a esa conclusión? No tenga temor de hacer preguntas sinceras. Los creyentes de Berea escudriñaban diariamente las Escrituras para comprobar si lo que escuchaban era realmente así. No rechazaban la enseñanza, pero tampoco aceptaban todo sin examinarlo.
Un llamado a quienes enseñamos
Si el Señor nos ha dado el privilegio de enseñar Su Palabra, tampoco debemos sentirnos ofendidos cuando un hermano hace una pregunta con respeto. Nuestro propósito no es que las personas crean nuestras opiniones; nuestro propósito es conducirlas a La Biblia. Si una pregunta nos lleva nuevamente a abrir las Escrituras, entonces todos salimos edificados.
Reflexión final
Vivimos en tiempos donde abundan las voces, las opiniones y las interpretaciones. Precisamente por eso, Pablo exhortó a los creyentes a no ser "niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina" (Efesios 4:14).
La respuesta no es desconfiar del estudio, ni depender ciegamente de herramientas humanas. La respuesta es volver una y otra vez a La Biblia. Estudiémosla con diligencia. Oremos antes de abrir sus páginas. Pidamos al Espíritu Santo que ilumine nuestro entendimiento. Llenemos nuestra mente con la Palabra de Dios. Y cuando escuchemos una enseñanza, examinémosla siempre a la luz de las Escrituras.
Porque la autoridad final de la vida cristiana no es un predicador, una tradición, un método de interpretación o una herramienta académica. La autoridad final es, y siempre será, La Biblia.