Biblia Abierta
¿Qué dice la Biblia del diezmo?
Una de las preguntas más buscadas en internet y en las redes sociales es: ¿qué dice la Biblia del diezmo? Muchos creyentes quieren saber si el diezmo continúa siendo un mandamiento para la iglesia de hoy, o si fue una práctica establecida específicamente para Israel bajo el Antiguo Testamento.
También existen dos posiciones muy marcadas. Algunos sostienen que todo cristiano debe entregar obligatoriamente el diez por ciento de sus ingresos. Otros argumentan que, como el diezmo no aparece como un mandamiento dirigido a la iglesia en el Nuevo Testamento, el creyente ya no tiene ninguna responsabilidad de dar.
Para responder correctamente, necesitamos ir más allá de una simple discusión sobre el diez por ciento. ¿Qué enseñan las Escrituras acerca del diezmo y, especialmente, acerca del dar en la vida cristiana?
1. El diezmo en el Antiguo Testamento
En el Antiguo Testamento, el diezmo aparece claramente relacionado con la vida del pueblo de Israel. La Ley de Moisés establecía que la décima parte de determinados productos de la tierra y del ganado pertenecía a Jehová.
También encontramos en Números 18:21 que los diezmos eran entregados a los levitas como provisión por su servicio, pues ellos no habían recibido una herencia territorial como las demás tribus.
Y en Malaquías 3:10, Dios dice:
Por tanto, dentro de la Ley de Moisés, el diezmo no era simplemente una recomendación: formaba parte del sistema establecido por Dios para Israel.
También encontramos referencias anteriores a la Ley. Abraham dio los diezmos a Melquisedec (Génesis 14:20), y Jacob hizo un voto relacionado con el diezmo (Génesis 28:22). Estos relatos son importantes porque muestran que la práctica del diezmo existía antes de Moisés. Sin embargo, estos acontecimientos no establecen por sí mismos un mandamiento universal para todos los creyentes de todas las épocas. Debemos distinguir entre un ejemplo registrado en la Escritura y un mandamiento establecido para la iglesia.
2. El diezmo y la enseñanza del Nuevo Testamento
Cuando llegamos al Nuevo Testamento encontramos que Jesús menciona el diezmo. En Mateo 23:23, hablando con los escribas y fariseos, dice:
Jesús estaba confrontando la hipocresía de quienes eran rigurosos en aspectos externos de la Ley, pero descuidaban asuntos mucho más importantes.
Después de Pentecostés, la iglesia comienza a tener un papel cada vez más visible en el desarrollo de la obra de Dios. Al observar las enseñanzas de los apóstoles dirigidas a las congregaciones, no encontramos una instrucción que establezca el diez por ciento como requisito para la iglesia. En cambio, encontramos principios claros acerca de la manera en que los creyentes debían dar.
El énfasis apostólico está en una entrega proporcional, voluntaria y alegre. Por eso, podemos afirmar que el Nuevo Testamento no establece el diez por ciento como un mandamiento legal para la iglesia, pero sí enseña claramente que el creyente debe ser generoso y participar en el dar. Esta distinción es fundamental para comprender el resto de la enseñanza.
3. La generosidad de la iglesia primitiva
La enseñanza de los apóstoles no quedó solamente en palabras. La iglesia primitiva mostró en la práctica una generosidad extraordinaria.
El propósito del pasaje no es establecer que todos los cristianos debían vender sus propiedades, sino mostrar cómo aquellos creyentes estaban dispuestos a compartir sus recursos para atender las necesidades de sus hermanos.
Las iglesias de Macedonia ofrecen otro ejemplo. Pablo explica en 2 Corintios 8:1-5 que, a pesar de encontrarse en medio de «gran prueba de tribulación» y «profunda pobreza», abundaron en generosidad. Dice que dieron «conforme a sus fuerzas, y aún más allá de sus fuerzas», y añade algo todavía más significativo: «a sí mismos se dieron primeramente al Señor». Aquí encontramos una característica que distingue la generosidad cristiana: no comienza con el bolsillo, sino con el corazón. Antes de entregar sus recursos, ellos se habían entregado al Señor.
4. Cristo es el fundamento de nuestra generosidad
Pablo presenta la razón más profunda para la generosidad cristiana en 2 Corintios 8:9:
La generosidad cristiana no nace simplemente de una obligación financiera. Nace de la gracia de Cristo. Él no entregó simplemente una parte de lo que tenía. Se entregó a sí mismo.
Por eso, la pregunta cristiana no debería reducirse a: «¿Cuál es la cantidad mínima que debo entregar?» La perspectiva del Nuevo Testamento es mucho más amplia: «¿Cómo estoy administrando aquello que Dios ha puesto en mis manos?» Esto incluye nuestro dinero, pero también nuestro tiempo, nuestras capacidades, nuestros bienes y nuestras oportunidades para servir. La mayordomía cristiana no consiste únicamente en cuánto damos, sino en reconocer que todo pertenece al Señor y nosotros somos administradores de lo que Él nos ha confiado.
5. ¿Puede el 10 % ser un principio para las ofrendas?
Aquí debemos hacer una distinción importante. Algunas iglesias cristianas toman el 10 % como un principio práctico para las ofrendas y para la mayordomía personal. No necesariamente lo presentan como una obligación legal, sino como una disciplina que puede ayudar al creyente a ordenar sus recursos y establecer una práctica regular de dar. Esto puede ser válido. Un creyente puede decidir voluntariamente: «Apartaré el 10 % de lo que Dios me permita recibir como una disciplina personal de mayordomía.» No hay nada incorrecto en establecer de esa manera una práctica personal de generosidad.
Lo que debemos evitar es convertir esa decisión en un mandamiento universal y afirmar que todo cristiano está obligado por Dios a entregar exactamente el 10 %, como si el Nuevo Testamento hubiera establecido ese porcentaje como requisito para la iglesia. No estamos bajo la Ley de Moisés. Por eso, una disciplina de mayordomía no debe convertirse en una obligación legal.
Pero también debemos evitar el error contrario. Alguien podría decir: «Como el diezmo no es un mandamiento para la iglesia, entonces no tengo que dar.» Ese razonamiento tampoco representa la enseñanza del Nuevo Testamento. La libertad respecto a un porcentaje obligatorio no es libertad para vivir sin generosidad. El creyente sigue siendo llamado a dar según haya prosperado, con disposición de corazón, con alegría y con generosidad.
Por eso, el 10 % puede ser para algunos una herramienta útil de disciplina y orden financiero. Para otros, la responsabilidad delante de Dios puede llevarlos a dar una proporción diferente. La cifra puede variar. El principio de la generosidad permanece.
6. "Sembrar y cosechar" no es una fórmula para enriquecerse
Hay otro texto que debemos interpretar correctamente. En 2 Corintios 9:6, Pablo escribe:
Pablo utiliza aquí una imagen agrícola para enseñar acerca de la generosidad. Pero este pasaje no debe convertirse en una fórmula para enriquecerse. El versículo siguiente dice:
Y Pablo continúa en 2 Corintios 9:8:
El propósito de la provisión de Dios no es simplemente aumentar nuestras posesiones. Es que tengamos lo suficiente y podamos abundar para toda buena obra. El ejemplo de los macedonios vuelve a ser esclarecedor: dieron generosamente mientras atravesaban una situación de profunda pobreza. Por eso, "sembrar y cosechar" no debe utilizarse para prometer riquezas a cambio de ofrendas. La generosidad cristiana no es una transacción comercial con Dios. Damos porque hemos recibido gracia, no para comprar una bendición.
Conclusión
Entonces, ¿qué dice la Biblia del diezmo? El diezmo fue claramente establecido dentro del sistema de la Ley para Israel. También encontramos referencias al diezmo antes de la Ley y una mención de Jesús en su confrontación con los escribas y fariseos. Sin embargo, al llegar a la enseñanza apostólica dirigida a la iglesia, no encontramos un mandamiento que establezca el diez por ciento como requisito legal.
Lo que sí encontramos es un llamado constante a dar: proporcionalmente, voluntariamente, alegremente y con generosidad. Por eso, utilizar el 10 % como una disciplina personal de mayordomía puede ser una práctica válida, siempre que no se convierta en una obligación que el Nuevo Testamento no establece. Y, de la misma manera, decir: «Como el diezmo no está establecido como mandamiento para la iglesia, entonces no tengo que dar» es utilizar correctamente una parte de la enseñanza para llegar a una conclusión que la Escritura no respalda.
La pregunta, entonces, no debería ser solamente: «¿Tengo que dar el diez por ciento?» Sino: «¿Estoy siendo un administrador fiel de todo lo que Dios ha puesto en mis manos?» El Nuevo Testamento no nos llama a buscar simplemente el mínimo que debemos entregar. Nos llama a vivir bajo la gracia. Y cuando comprendemos la gracia de Cristo, nuestra generosidad deja de ser solamente una cuestión de porcentaje y se convierte en una expresión de nuestro amor, nuestra gratitud y nuestra entrega al Señor.
Cristo no solamente nos enseñó a dar. Cristo se dio a sí mismo por nosotros. Y esa gracia es el fundamento de nuestra generosidad.
Para profundizar
- Pasajes bíblicos
- Levítico 27:30 · Números 18:21 · Deuteronomio 14:22 · Malaquías 3:10 · Génesis 14:20 · Génesis 28:22 · Mateo 23:23 · 1 Corintios 16:2 · 2 Corintios 8:1-9 · 2 Corintios 9:6-8 · Hechos 2:44-45