Devocional
¿Quién está formando tu manera de pensar?
Vivimos en una época donde nunca antes había sido tan fácil escuchar miles de voces. Cada día, las redes sociales nos presentan personas que prometen enseñarnos cómo alcanzar el éxito, administrar mejor nuestro tiempo, hacer crecer un negocio, criar a nuestros hijos o encontrar el propósito de la vida. Algunos son conferencistas, otros empresarios, otros "coaches" o creadores de contenido con millones de seguidores.
Muchos de ellos poseen una gran capacidad en sus áreas de trabajo. Han estudiado, adquirido experiencia y desarrollado habilidades admirables. Sin embargo, el creyente debe hacerse una pregunta que pocas veces se plantea:
¿Quién está formando mi manera de pensar?
La respuesta a esa pregunta es mucho más importante que cualquier estrategia para alcanzar el éxito.
No apartes tu vista del consejo de Dios
El primer salmo de La Biblia comienza con una advertencia que sigue siendo vigente:
"Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos..." (Salmo 1:1, RVR1960)
Vivimos rodeados de consejos. Algunos llegan desde un video de pocos segundos. Unos hablan de inversiones, otros de liderazgo, otros de cómo "vivir mejor". Pero el creyente debe recordar que no toda voz tiene autoridad para dirigir su vida.
Santiago escribió: "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios..." (Santiago 1:5, RVR1960)
No nos envía primero a buscar la opinión del hombre, sino al Señor, porque la verdadera sabiduría tiene una sola fuente. Proverbios lo declara con claridad: "Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia." (Proverbios 2:6, RVR1960)
Cuando dejamos de buscar primero el consejo de Dios y comenzamos a depender del pensamiento del mundo para dirigir nuestra vida, hemos comenzado a desviar nuestra mirada.
El mundo y Dios no persiguen el mismo éxito
La mayoría del contenido que consumimos tiene un objetivo común: alcanzar una vida mejor según los parámetros de este mundo. Trabaja más. Produce más. Gana más. Sé más reconocido. Construye un patrimonio. Hazte famoso.
Pero el Señor Jesús hizo una pregunta que cambia completamente esa perspectiva: "¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" (Marcos 8:36, RVR1960)
La pregunta de Cristo nos recuerda que el éxito temporal no siempre es éxito delante de Dios. Una persona puede conquistar mercados, levantar empresas y ser admirada por millones, pero si vive apartada de Cristo, toda esa gloria será pasajera.
La vida es breve. Las riquezas permanecen aquí. El reconocimiento desaparece. Sólo la eternidad permanece.
Dios siempre ha prosperado a los suyos de una manera diferente
José administró Egipto con una sabiduría extraordinaria. Sin embargo, cuando Faraón buscó respuestas, José respondió: "No está en mí; Dios será el que dé respuesta..." (Génesis 41:16, RVR1960)
Moisés fue instruido en toda la ciencia de Egipto, pero no fue la educación egipcia la que abrió el Mar Rojo ni sostuvo al pueblo durante cuarenta años. Fue Dios.
Daniel recibió preparación en Babilonia, pero su sabiduría provenía del Señor. Nehemías ocupó un cargo importante en un reino extranjero, pero antes de reconstruir los muros de Jerusalén dobló sus rodillas delante de Dios.
Ellos utilizaron los recursos y conocimientos que tenían, pero nunca permitieron que sustituyeran su dependencia del Señor. Su confianza no estaba en sus capacidades. Estaba en Dios.
La verdadera prosperidad
El creyente no rechaza el trabajo, la preparación ni la buena administración. La Biblia enseña diligencia. La Biblia enseña responsabilidad. La Biblia enseña excelencia. Pero también enseña que toda obra será vana si Dios no la sostiene.
"Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican..." (Salmo 127:1, RVR1960)
Y también afirma: "La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella." (Proverbios 10:22, RVR1960)
La prosperidad bíblica no comienza con una estrategia. Comienza con la bendición de Dios.
¿Qué es el éxito para un creyente?
Cuando Dios llamó a Josué para dirigir al pueblo de Israel, no comenzó hablándole de tácticas militares ni de liderazgo humano. Le dijo:
"Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien." (Josué 1:8, RVR1960)
El orden no puede cambiarse. Primero la Palabra. Luego la obediencia. Después, la prosperidad que Dios quiera conceder. Hoy muchos buscan prosperar sin buscar primero al Dios que concede toda bendición.
No fijes tu mirada en lo temporal
Asaf confesó que por un momento tuvo envidia de la prosperidad de los impíos. Parecía que todo les salía bien. Parecía que vivían sin dificultades. Pero cuando entró en la presencia de Dios comprendió el final de ellos.
Las redes sociales muestran el presente. La Biblia nos muestra la eternidad.
Isaías escribió: "Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová... Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová." (Isaías 55:7-9, RVR1960)
El creyente está llamado a abandonar la manera de pensar de este mundo para aprender a pensar conforme a Dios. No vivimos guiados por los valores de una sociedad que cambia constantemente. Vivimos bajo la autoridad de Cristo.
Una reflexión final
Quizá la pregunta más importante no sea cuánto tiempo pasamos en las redes sociales. La verdadera pregunta es: ¿Quién está moldeando nuestra manera de pensar?
Cada día escuchamos muchas voces. Pero sólo una tiene autoridad para dirigir nuestra vida.
No apartes tu vista del consejo de Dios. No permitas que las voces de este mundo formen tu manera de pensar. Fija tus ojos en Cristo, permanece en Su Palabra y camina conforme a Su voluntad. Porque, como escribió el apóstol Juan:
"Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." (1 Juan 2:17, RVR1960)